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Mayor y socio-activo

Reflexiones sobre el envejecimiento activo y el valor de seguir participando en la vida


Por Marta Martínez

Educadora Social.


Cuando hablamos de envejecimiento, con demasiada frecuencia lo hacemos desde la pérdida. Hablamos de limitaciones, enfermedades, dependencia o soledad. Sin embargo, rara vez nos detenemos a pensar en todo lo que las personas mayores siguen aportando a la sociedad y en las oportunidades que existen para vivir esta etapa de una forma activa, participativa y con sentido.


Envejecer es un proceso natural que forma parte de la vida. No debería entenderse únicamente como el paso del tiempo, sino como una etapa más, con retos, sí, pero también con posibilidades de crecimiento personal, aprendizaje y participación.


El concepto de envejecimiento activo, impulsado por la Organización Mundial de la Salud, nos invita precisamente a cambiar esa mirada. No se trata de “hacer muchas cosas” ni de mantenerse ocupado constantemente, sino de favorecer que cada persona pueda continuar participando en la vida social, mantener su autonomía el mayor tiempo posible y disfrutar de una buena calidad de vida según sus propias circunstancias.


Desde mi experiencia como Educadora Social, he comprobado que muchas personas mayores no necesitan grandes soluciones. A veces, lo que realmente marca la diferencia es sentirse escuchadas, mantener una conversación tranquila, participar en una actividad que les motive o saber que siguen formando parte de la vida de su familia y de su comunidad.


Vivimos en una sociedad que valora la rapidez y la productividad. Sin darnos cuenta, podemos transmitir la idea de que, al llegar a cierta edad, las personas dejan de tener un papel relevante. Nada más lejos de la realidad. Las personas mayores acumulan experiencia, conocimientos y una forma de entender la vida que constituye un patrimonio social de enorme valor.


También es importante recordar que el envejecimiento activo no depende únicamente de la persona. Es una responsabilidad compartida. Las administraciones públicas, las entidades sociales, los profesionales y las propias familias tenemos la obligación de crear entornos que favorezcan la participación, la accesibilidad y las relaciones sociales.


En muchas ocasiones, un pequeño gesto puede tener un gran impacto: una llamada de un familiar, una visita inesperada, una actividad compartida o simplemente dedicar unos minutos a conversar sin prisas.


Por eso creo que acompañar también es una forma de cuidar.


No siempre podemos resolver todos los problemas que aparecen con la edad, pero sí podemos contribuir a que ninguna persona se sienta invisible o aislada.


En Marta Senior creemos en una forma de acompañar basada en el respeto, la escucha y la cercanía. Porque cada conversación cuenta. Porque cada persona tiene una historia que merece ser escuchada. Y porque envejecer con dignidad también significa seguir sintiéndose parte de la sociedad.


Quizá el verdadero reto no sea aprender a envejecer, sino aprender, como sociedad, a valorar todo lo que las personas mayores siguen teniendo que ofrecer.

 
 
 

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